Quisiera comenzar escribiendo estas
dos frases: “quien no recuerda su pasado está obligado a repetirlo en su
presente” o mejor aún “no quiero plasmar una historia, porque la quiero vivir”,
estas son frases que en menos de veinte palabras dibujan con una pincelada de
historia nuestro glorioso pasado, ese pasado que nuestros ancestros chimús forjaron
con esfuerzo y que ahora por causa de la desidia de muchos de nosotros está a
punto de perderse en una selva de cemento sin espacio para recuerdos. Desde
hace mucho tiempo se viene trabajando para que Chimbote cuente con un museo
donde pueda descansar parte de su historia, un poco de su cultura del cual las
actuales generaciones se puedan identificar y sentirse orgullosas, pero hasta
la fecha no se ha logrado concretar, pueden leer diversos ensayos, artículos y
hasta crónicas como esta, de diversos historiadores, sociólogos y/o periodistas
que escriben acerca de esa futura realidad para ellos y futura también para
nosotros.
Hace poco se voceo a la casa
salomón y ley como candidata para este templo de los recuerdos, pero ¿qué es
esa casa, donde queda y por qué ahí? La casa salomón y ley pertenecía a don
salomón Ley un inmigrante japonés que llegó a nuestras costas allá por los años
29 del siglo pasado, construyó esta edificación en el año 1939 por donde ahora
pasa la av. Bolognesi y el Jr. Manuel Ruiz, actualmente el edificio salomón y
ley está en manos del banco de crédito del Perú y por su historia y el tipo de
su edificación colonial parecía ser la más indicada, ¿pero acaso no hay un
mejor lugar y con más historia en nuestra ciudad con más de 100 años? Seguro
que sí. La antigua estación del ferrocarril a Huallanca, si, la que se
encuentra olvidada y oxidada por el tiempo, corroída por la inoperancia de
muchas autoridades que en sus manos estaba, está y esperemos no esté, la oportunidad
de que esta ciudad de la pesca y el acero tenga un lugar donde detener el
tiempo, para recordar nuestro pasado legendario, aquel del que podamos sentir orgullo.
Recordemos una de las acciones de
un ex alcalde que en algún momento manifestó públicamente que iba a destruir
esos fierros viejos de la ex estación del ferrocarril a huallanca porque eran
una ofensa para una ciudad que crecía de la mano de la modernidad, lo que no
comprendía era que si esos fierros estaban viejos, era por individuos como él,
personas que no hicieron nada por salvar esos rieles por donde transcurrió
tanta historia para nuestra provincia del Santa; pero lo que sí pudo lograr fue
destruir parte de esas rieles, aquellos fierros viejos como él los llamaba.

Después de esa violación, de ese delito cultural, buscamos desenterrar en ese
mismo lugar donde ahora funciona el actual Instituto Nacional de Cultura, vale
indicar el olvido también por las autoridades y es así que se ha convertido en
una letrina Pública (un meadero), y eso no debe continuar, si queremos que
ahí se levante una pausa cultural a nuestra
historia.
Desde este pupitre y frente a mis
compañeras, una pluma y un papel, leo un ensayo del historiador chimbotano
Víctor Unyén Velezmoro y la magia de su intelecto me ayuda a plasmar las
siguientes líneas, sus líneas y el anhelo de muchos: “UN GRAN MUSEO PARA
CHIMBOTE el que pueda comprometer a nuestros consagrados artistas para que
pinten murales que reflejen cada etapa de nuestro proceso histórico, la bahía
de comienzo de siglo, con su arena dorada y aguas límpidas, el muellecito de
fierro y madera con la Isla Blanca, la huaca moche de “San Pedro”, la antigua
iglesia Matriz, en fin, pasajes relatados por nuestros escritores, que sería la
mejor clase de historia para nuestros alumnos, para nuestros pobladores, y para
los turistas que continuarán arribando a Chimbote y que tendrán la oportunidad de
conocernos mejor, a través, de un pasado relevante que la mayoría desconoce.” (Josue Muñoz López)
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